
Primavera Sound: a la espera de Arctic Monkeys, ¿el cielo puede esperar?
Los festivales de música tienen ese no se qué, ¿viste? Hay imprevistos y hay corridas que le suman más adrenalina a este tipo de encuentros. En el cierre de la primera edición de Primavera Sou...
Los festivales de música tienen ese no se qué, ¿viste? Hay imprevistos y hay corridas que le suman más adrenalina a este tipo de encuentros. En el cierre de la primera edición de Primavera Sound Buenos Aires, la producción tuvo que salir a jugar fuerte y cambiar los horarios de la grilla sobre la marcha. También la extensión de cada show. Todo un desafío contrarreloj para evitar que la tormenta se salga con la suya. Así, a unas horas de que se abrieran las puertas y con el recuerdo fresco de los shows de ayer de Travis Scott, Hernán Cattaneo y Charli XCX, entre muchos otros, los fanáticos de Arctic Monkeys se enteraron de que la banda de Alex Turner tocaría unos minutos después de las 19 y ya no más allá de las 23. Una buena medida.
En la variedad está el gusto y algo de eso sabe este festival creado en Barcelona hace 20 años y con la música indie como faro para alumbrar sus carteles. “Los fanáticos en España hablan en las redes sociales de si tal banda es o no es primavereable”, nos cuenta Alfonso Lanza, director de Primavera Sound. Y eso tiene su correlato en el campo de juego... o mejor dicho en el enorme predio de Costanera Sur donde están desplegados seis escenarios, stands de marcas que son sponsors del encuentro y una variada oferta gastronómica, además de un patio cervecero.
Juana Molina hace lo suyo en uno de los escenarios principales. Su fórmula es irresistible y esas capas de guitarras, bajos y voces que graba y reproduce en tiempo real, no por ya conocidas dejan de sorprender y de emocionar. Cuando dice que uno, frente al espejo, “pone la cara que espera ver en el reflejo”, está diciendo una frase muy Juana. Esas capas, ese entramado sónico, no es más que la personalidad de la cantante, compositora y actriz que se despliega en escena mostrando varias de las Juanas que habitan en ella.
Si antes uno descubría música gracias a un amigo que le recomendaba escuchar algo, ahora festivales como este cumplen con esa función. Porque acá no hay streaming posible: hay que subir al escenario y “pelar”, y la realidad se impone. El público elige ya en la primera canción y si no se siente atraído corre hacia otro espacio. Esto sucede con aquellas bandas que pocos conocen, claro está. Como las Chai, cuatro japonesas que parecen salidas del animé. Vienen de Nagoya, se llaman Mana, Kana, Yuuki y Yuna y combinan coreos y cantos bien agudos con teclados y una batería potente, que se toca como si fuera la última vez. Un aprobado rotundo.