Warning: Undefined array key "cod" in /home/c2171729/public_html/articulo/el-viaje-mas-largo-del-mundo.php on line 24 El viaje más largo del mundo - Ramallo City
Generales

El viaje más largo del mundo

La noticia salió estos días en algunos medios dedicados a la naturaleza, pero salvo excepciones (The Guardian, por ejemplo) pasó casi inadvertida. Estamos tan cegados por nuestra propia realidad...

La noticia salió estos días en algunos medios dedicados a la naturaleza, pero salvo excepciones (The Guardian, por ejemplo) pasó casi inadvertida. Estamos tan cegados por nuestra propia realidad –cualquiera sea esa realidad– que las maravillas del mundo vuelan sobre nosotros (en este caso, literalmente) sin que las notemos. Una pena.

Como saben, las aves migratorias son de lo más generosas en récords. Nuestras coscorobas (Coscoroba coscoroba), tan parecidas al ganso doméstico que es fácil confundirlos, se mueven entre el sur del Brasil y las islas Malvinas. Los gansos son bastante extremos, en general. Por ejemplo, el Anser indicus debe cruzar el Himalaya para migrar. ¡El Himalaya! Se los ha registrado a una altitud de casi 8500 metros. Eso es 500 metros por encima de lo que se conoce como zona letal, donde el oxígeno es insuficiente para mantenernos con vida durante mucho tiempo. Y lo hacen volando.

Hay un gaviotín ártico que demuele cualquier forma de amor propio que tenga el más viajado de los viajeros humanos. Sus migraciones anuales están en el orden de los 80.000 kilómetros. Para que se den una idea de la enormidad de semejante número, este ave (Sterna paradisaea) recorre cada año el doble de la circunferencia del planeta Tierra.

Pero esperen, porque lo que se supo estos días está en niveles que lo hacen pensar a uno en alguna novela de ciencia ficción con seres exóticos en mundos imposibles. Sin embargo, esto ocurre cada año en este planeta al que maltratamos tanto. Un ejemplar juvenil de un ave llamada Limosa lapponica viajó 13.560 kilómetros –desde Alaska a Tasmania– sin nunca detenerse. Voló, para ser precisos, 11 días y una hora.

Sí, tómense un minuto para digerir la idea. Con un minúsculo transmisor 5G implantado en su cola, los científicos que estudian estos seres increíbles pudieron seguir su recorrido vía satélite; un recorrido que es más de tres veces y media la extensión de toda la Argentina de norte a sur; y la mayor parte fue sobre el océano. Con todo, añado aquí que las aves fragata (cinco especies del género Fregata) pueden volar durante dos meses sin tocar nunca tierra; se cree que los vencejos reales (Tachymarptis melba) podrían hacerlo durante 200 días.

Las Limosa, de las que hay una sola especie en la Argentina, donde las conocemos como becasas (zarapitos, agujas o picopandos en otros países de habla hispana), ya tenían el récord de vuelo migratorio ininterrumpido, pero este año volvieron a ser noticia. Dato no menor: el chiquitín que hizo este viaje épico tiene solo cinco meses de vida, porque las crías deben migrar varias semanas después que los adultos. ¿La razón? Simple: tienen que cargar el tanque, y esto no es ninguna metáfora. Necesitan engordar antes de emprender un vuelo en el que, incluso con una aerodinámica que es envidia de los ingenieros, más una serie de adaptaciones orgánicas, consumirán una cantidad prodigiosa de energía.

Un momento. ¿Más de diez días volando? Me imagino las cejas levantadas en gesto incrédulo. Y la pregunta inevitable. ¿Cómo puede un animal volar diez días? ¿Acaso no duerme? Ningún animal puede vivir sin dormir, se sabe. Está bien que no es un mamífero, pero acá hay algo que no me cierra.

Sí, pero cuando decimos que la naturaleza es sabia nos quedamos cortos, y nos cuesta creer más por orgullo que por verdadero espíritu crítico. Los mismos científicos del Instituto Max Planck que rastrearon al joven viajero infinito han descubierto el truco de las aves migratorias. No solo pueden volar durante días, recorrer distancias de escala planetaria y alcanzar altitudes que a Ícaro le costaron la vida, sino que además pueden dormir mientras vuelan. Tal vez soñar. Si eso no es poético, no sé qué podría serlo.

Dicho sea de paso, mis golondrinas, las que anidan en el cielorraso de la galería, llegaron hace varias semanas, y en estos días vuelven a honrarnos con sus acrobacias gráciles y sus trinos delicados. Pronto, como cada año, se oirán los llamados de sus pichones.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/el-viaje-mas-largo-del-mundo-nid09112022/

Comentarios
Volver arriba